El club de Tobby

por Inés Moisset

Cuando iniciamos esta serie de encuentros partimos de algunas preguntas incómodas que fueron guiando la elección de temas e invitados. Ahora, en el cierre del ciclo intentaremos responder estas cuestiones desde el punto de vista del colectivo Un día|Una arquitecta:

¿Qué está pasando en la arquitectura argentina? ¿Los arquitectos están conformes con sus sistemas de representación? ¿Son los arquitectos referentes consultados en las cuestiones fundamentales que hacen a la profesión y a la sociedad a la que pertenecen? ¿Es necesario debatir los flujos de poder que estructuran desde hace décadas a la arquitectura en nuestro país? ¿Las condiciones, oportunidades laborales y visibilización son las mismas para las mujeres que para los hombres en nuestro país?

Según datos de FADEA las arquitectas forman el 41% de la matrícula. Desde 1987 las universidades superaron el 50% de alumnas en la carrera. Más de 30 años después esto no se ve reflejado en los espacios de representación: dirección de instituciones, premios, publicaciones e invitaciones a dictar conferencias. En la mayoría de los encuentros realizados en Argentina y auspiciados por instituciones públicas (Colegios y Universidades Nacionales) la representación se mantuvo entre el 0% (All Male Panel) y el 15%. Después de 9 ediciones, la Sociedad Central de Arquitectos, otorgó el premio a la Trayectoria 2016 a Flora Manteola, siendo la primera mujer que obtiene este reconocimiento (11%).

Desde Un día | una arquitecta hemos convocado al Compromiso 30% intentando establecer un mínimo en la representación de mujeres en los eventos. Ninguna de las instituciones invitadas para sumarse se asume como misógina, pero la tradición y la “normalidad” les impide la autocrítica. A pesar de contar con gran cantidad de firmas que lo apoyaron, el compromiso solo fue suscripto por dos instituciones: el CPAU y la Universidad Nacional de Avellaneda.

Existen prácticas normalizadas entre quienes dirigen las instituciones, quienes realizan publicaciones y quienes organizan eventos, que impiden el acceso de las mujeres a estos espacios.

Quienes toman estas decisiones, dicen que no es que no quieran invitar mujeres, sino es que a ellas no les interesa participar. Esto es inadmisible dada la cantidad de arquitectas que hay en el país, repetimos un 41%.

A veces suponen de manera inconsciente que no hay arquitectas haciendo cosas relevantes. Dan por hecho que en un equipo mixto ellos son genios y ellas, musas. Estas asignaciones de roles también impactan haciendo asumir a las propias profesionales una posición de inferioridad.

La ausencia de concursos también es algo que impide el acceso al trabajo profesional de manera igualitaria. El anonimato favorece la incorporación, no solo de mujeres, sino también de profesionales jóvenes y periféricos a las oportunidades laborales. El concurso rompe el lobby de la profesión y este es, por supuesto, un club de Tobby, un círculo cerrado de varones. Y para desarmar este sistema de privilegios, es necesario ver más allá del círculo y salir de él.

Las instituciones son responsables, en tanto fijan reglas para que toda la matrícula pueda estar representada. Así mismo podemos, de abajo hacia arriba, reclamar a quienes conducen que reorienten las políticas en pos de una profesión más inclusiva.

Te esperamos en CRUCES Encuentros de Arquitectura y Ciudad
Nivaldo Andrade + Inés Moisset
Martes 14 de noviembre de 19:00 a 21:00
CPAU,  25 de Mayo 482, Buenos Aires
Como los cupos son limitados se pide inscribirse en el mail: infocruces@gmail.com
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Poetisas y Arquitectas, historias silenciadas

“Edehuana vivió en el reino donde se inventó la escritura, ahora llamado Irak, y ella fue la primera escritora, la primera mujer que firmó sus palabras, y fue también la primera mujer que dictó leyes, y fue astrónoma, sabia en estrellas, y sufrió pena de exilio, y escribiendo cantó a la diosa Inanna, la luna, su protectora, y celebró la dicha de escribir, que es una fiesta, como parir, dar nacimiento, concebir el mundo”.

Eduardo Galiano, Los hijos de los días, 2011

Cueva de El Castillo, España, Paleolítico Inferior

El primer poeta de la humanidad fue una mujer. Vivió y escribió en la Mesopotamia, hace más de 4000 años. Y como lo indican nuevas investigaciones, los primeros seres humanos que acondicionaron las cavernas para habitar fueron mujeres. Las pinturas rupestres son debidas a ellas. Escribir y crear: desde los tiempos más antiguos hemos participado en la construcción del mundo. La historia escrita por los hombres ha intentado borrar los aportes, pero sí ha reconocido este vínculo indisoluble y ancestral entre la escritura, arte y la creación del espacio.

En esta relación importa la mirada holística, que se aleja de lo analítico y exalta lo subjetivo, valor vinculado al arquetipo femenino según Jung. Por eso el poeta, que es el creador (rol activo), necesita de la musa inspiradora (rol pasivo). Desde los antiguos filósofos griegos se insiste en que la mujer no tiene capacidad de crear.

Para crear y comprender lo poético, nos alejamos de lo puramente geométrico, para encontrarnos con la experiencia de vivir. La arquitectura y la poesía se nutren mutuamente y comparten herramientas para la creación, como la integración entre forma y contenido, la expresión de la materialidad y la exaltación de lo sensorial.

“Lo que ahora importa es recuperar nuestros sentidos. Debemos aprender a ver más, a oír más, a sentir más.”  

Susan Sontag, Contra la interpretación, 1969

Gaston Bachelard, señala en su sugerente libro La poética del espacio que rastrea en los arquetipos el sentido del habitar, la necesidad de acercarse directamente al hecho poético. En su estudio trabaja sobre las descripciones de las casas hechas por los poetas, deteniéndose especialmente en aquellas que remiten al espacio primitivo, al refugio, al fuego, al vientre materno (entendido como contenedor). En estas reflexiones la mujer, tampoco tiene el rol de creadora (ya que no se menciona a ninguna poetisa en todo el libro) y su función se encuentra en la renovación cotidiana de la limpieza:

“El ama de casa despierta los muebles dormidos. (…) Parece que la casa luminosa de cuidados se reconstruye desde el interior, se renueva por el interior. En el equilibrio íntimo de los muros y de los muebles, puede decirse que se toma conciencia de una casa construida por la mujer. Los hombres sólo saben construir las casas desde el exterior, no conocen en absoluto la civilización de la cera.”

La poética del espacio, Gaston Bachelard, 1957

¿Las mujeres construyen la poética del espacio con trapo de piso y escoba? Es clara la determinación de lugares para nuestro género: musas, colaboradoras, copistas, traductoras. Lo que hoy no es posible es no mostrarnos críticas con esta asignación de roles. Así lo señalaban Virginia Woolf en su obra Una habitación propia (1929), y Simone de Beauvoir en El Segundo Sexo (1949) cuando habla de la casa burguesa.

El ensayo de Clara Janés, Guardar la casa y cerrar la boca, cuyo título lo dice todo, repasa también la relación entre espacio arquitectónico y poesía. En la Edad Media, para ser libres, las mujeres se encerraban en conventos y era allí donde podían escribir. Fue muy difícil acceder a la enseñanza de la escritura (y de la arquitectura). Recién hacia fines del siglo XIX, comienzan las mujeres comienzan a ser aceptadas, no sin reticencias, por las instituciones. Solo 14 mujeres en 115 años han obtenido el Premio Nobel de Literatura.

Aun así siempre ha habido y siempre habrá mujeres incapaces de cerrar la boca. Por eso nos preguntamos: ¿Cuál poética? y ¿Cuál arquitectura? Si queremos avanzar hacia el diseño de un hábitat poético debemos abrevar en una mirada crítica, más completa y más justa. La que tiene sus inicios en la sacerdotisa sumeria y en las mujeres de las cavernas primitivas. Porque la poesía es una eterna invitación para volver los orígenes.

El poeta y su musa, Niki de Saint Phalle, Balboa Park, San Diego, 2000


Te esperamos en CRUCES Encuentros de Arquitectura y Ciudad
Andrea Lanziani + Nicolás Campodónico
Miércoles, 21 de junio de 19:00 a 21:00
Juramento 2059, Piso 10, 1428 Buenos Aires
Como los cupos son limitados se pide inscribirse en el mail: infocruces@gmail.com

Concursos desde la mirada de las arquitectas

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La historia de los concursos en la arquitectura tiene aristas especiales si la miramos desde el punto de vista de las arquitectas. ¿Qué ocurre cuando alguien perteneciente a un colectivo que está conformado por el 51% de la población mundial produce arquitectura? ¿Qué decisiones sobre el territorio puede tomar esta persona si la tierra está en manos del 49% restante de la población? ¿Cómo acceden las arquitectas  a los grandes encargos si el poder está en manos de los hombres?

Desde Un día | una arquitecta pretendemos hacer algunos aportes a la discusión. El objetivo de nuestro colectivo es el de visibilizar la labor de las arquitectas en las distintas facetas de la profesión. El concurso entendido como una de las formas de acceso a los encargos merece entonces ser mirado desde una perspectiva de género, es decir, identificando las diferencias que se producen a partir de los roles asignados históricamente a los sexos.

En primer lugar, hay que contar que las mujeres no tenían acceso a la formación en arquitectura. Lentamente y hasta mediados del siglo XX las instituciones académicas las fueron admitiendo. Por otro lado, al no tener derechos civiles, tampoco participaban en la administración estatal y por lo tanto, en la obra pública. Recién a inicios del siglo pasado comienzan a aparecer esporádicamente los primeros encargos públicos y estos se deben en su mayoría a concursos.

En la profesión, las mujeres ganamos menos dinero que los hombres (lo que es considerado natural por muchos). Ya en el primer concurso en el que participa una mujer se refleja esto. Sophia Hayden Bennett ganó el concurso para el diseño del Edificio de la Mujer en la Exposición Universal de Chicago  de 1893. Era un concurso organizado para que participaran las primeras arquitectas estadounidenses.  Ella diseñó el edificio cuando tenía sólo 21 años por el que recibió tan solo 1.000 dólares, cuando hombres ganaban entre 3 y 10 veces más por edificios similares. Otras arquitectas se negaron a participar en la competencia por esta razón.

Elisabeth Scott fue la arquitecta inglesa quien ganó en 1927 el concurso internacional para la construcción del nuevo Teatro Royal Shakespeare en Stratford-upon-Avon. Fue la única mujer en una competencia de más de 70 arquitectos, y de esta manera se convirtió, a sus 29 años, en la primera mujer en proyectar un edificio público en Inglaterra.

En 1911 Marion Mahony Griffin que trabajó como proyectista en el estudio de Frank Lloyd Wright ganó, junto a su socio y marido Walter Burley Griffin, el concurso para la nueva capital de Australia, Canberra, siendo así la primera mujer en diseñar una ciudad. Su nombre desapareció de la historia del urbanismo y hace pocos años, cuando se cumplió el centenario del concurso se ha recuperado la memoria de su autoría.

En la sociedad patriarcal, la mayoría de los jurados y los comitentes son masculinos e imponen sus reglas. Attilia Vaglieri, fue una arquitecta italiana, que a pesar de que en 1929 ganó el concurso internacional para la realización del Museo Greco-Romano en la ciudad egipcia de Alejandría, no pudo recibir su premio por el hecho de ser mujer, en cumplimiento de las leyes musulmanas.

Muchas arquitectas se dieron a conocer a través de los concursos como Zaha Hadid u Odile Decq. Después de la separación de Miralles, el inicio del estudio propio de Carme Pinós fue complicado. Tuvo que forjar su carrera sola y casi no tenía trabajo. En 1996, ganó el concurso para hacer el Paseo Marítimo de Torrevieja, y así comenzó a despegar. El concurso le permitió demostrar (porque las mujeres tenemos que demostrar) que ella también era una proyectista.

Para la mayoría es difícil concebir que la arquitectura esté hecha por mujeres. El común de la gente presupone que cuando hay una pareja, el varón es el genio y ella es la musa. (De hecho no existen en el diccionario las palabras “genia” ni “muso”). Existe además el prejuicio de ella es la colaboradora o la discípula.

Excelentes obras de nuestro país fueron realizadas en concursos donde arquitectas argentinas pudieron demostrar su talento, como Alicia Cazzaniga, coautora de la Biblioteca Nacional en Buenos Aires, o Mabel Lula Lapacó, de la Escuela Manuel Belgrano de Córdoba, pero aún así, cuando se mencionan estas obras se las asigna en solitario a un arquitecto varón.

En estas condiciones el anonimato del concurso facilita el acceso. Está comprobado que un mismo proyecto o un mismo portfolio cuando son firmados por un hombre o una mujer reciben evaluaciones diferentes (la del hombre superior, obviamente).

Cuando los organizadores del concurso del Museo de Orsay en París llamaron a Italia para informar del premio y Gae Aulenti atendió el teléfono, le pidieron que los comunicara con su jefe, el arquitecto. Imagínense la sorpresa…

El concurso anónimo, abre el juego, democratiza relaciones de poder, entre ellas las del patriarcado. Es por eso resistido por quienes detentan estas relaciones y son privilegiados. El concurso representa un resquicio por donde las arquitectas se han ido colando, ingresando al cerrado mundo de la arquitectura. Para lograr avanzar, las instituciones son las que deben actuar integrando en lugares de dirección, de gestión, de representación, a las mujeres, que son más del 50% de la matrícula de las universidades. Invitamos a todos y todas a promover una profesión más justa.

Obra pública y concursos

Si bien las instituciones coinciden en declamar la necesidad de los concursos como mecanismo democrático de acceso a los concursos, la realidad devela el pensamiento subyace por debajo de lo verbalizado…

En este mapa de la ciudad de Córdoba, visualizamos la obra pública de los últimos 10 años y el presupuesto asignado a las mismas. Solo tres obras fueron concursadas: la Plaza de la Capitalidad, el Consejo Deliberante y el Archivo Histórico. Este último concurso es el único que se concretó. Un dato adicional es que si bien el equipo ganador llevó a cabo el proyecto, el programa se modificó y amplió con posterioridad al concurso, con lo cual lo que había elegido el jurado no fue la propuesta materializada. Esta es una manera también de desacreditar el trabajo de evaluación y el tiempo dedicado por quienes comprometen su prestigio para avalar una propuesta.

Los círculos representan proporcionalmente los millones de pesos asignados a los proyectos. Se lee así fácilmente que las obras mayores se adjudicaron de manera directa.

En el primer encuentro de CRUCES que se realizará en Rosario el 30 de mayo podremos discutir sobre estos temas.

Maite Fernández y Juan Martín Flores nos contarán sus experiencias personales como asiduos participantes en esta modalidad de competencia, y también compartirán sus logros, fallas y frustraciones para abrir el debate entre todos los que asistan a compartir el primer CRUCE de 2017.

Te esperamos en CRUCES Encuentros de Arquitectura y Ciudad

Maite Fernández + Juan Martín Flores

30 de mayo, 19.00 hs, El Túnel, Rosario

Como los cupos son limitados se pide inscribirse en el mail: tunel@cad2.org.ar

BIENVENIDOS A CRUCES