Arquitectura experimental: próximo CRUCES, Córdoba, 10 de agosto


Te esperamos en CRUCES Encuentros de Arquitectura y Ciudad
Carlos Ciravegna + Griselda Balián
Jueves, 10 de agosto de 19:00 a 21:00
FAUD, Ciudad Universitaria, Córdoba
Como los cupos son limitados se pide inscribirse en el mail: infocruces@gmail.com

Reprogramamos Poética y Arquitectura: miércoles 12 de julio

Debido a cuestiones de salud del arq. Nicolás Campodónico, hemos reprogramado el segundo encuentro de CRUCES para el miércoles 12 de julio. Disculpen las molestias.

Te esperamos en CRUCES Encuentros de Arquitectura y Ciudad
Andrea Lanziani + Nicolás Campodónico
Miércoles, 21 de junio de 19:00 a 21:00  NUEVA FECHA: Miércoles 12 de julio de 19:00 a 21.00
Juramento 2059, Piso 10, 1428 Buenos Aires
Como los cupos son limitados se pide inscribirse en el mail: infocruces@gmail.com

Poetisas y Arquitectas, historias silenciadas

“Edehuana vivió en el reino donde se inventó la escritura, ahora llamado Irak, y ella fue la primera escritora, la primera mujer que firmó sus palabras, y fue también la primera mujer que dictó leyes, y fue astrónoma, sabia en estrellas, y sufrió pena de exilio, y escribiendo cantó a la diosa Inanna, la luna, su protectora, y celebró la dicha de escribir, que es una fiesta, como parir, dar nacimiento, concebir el mundo”.

Eduardo Galiano, Los hijos de los días, 2011

Cueva de El Castillo, España, Paleolítico Inferior

El primer poeta de la humanidad fue una mujer. Vivió y escribió en la Mesopotamia, hace más de 4000 años. Y como lo indican nuevas investigaciones, los primeros seres humanos que acondicionaron las cavernas para habitar fueron mujeres. Las pinturas rupestres son debidas a ellas. Escribir y crear: desde los tiempos más antiguos hemos participado en la construcción del mundo. La historia escrita por los hombres ha intentado borrar los aportes, pero sí ha reconocido este vínculo indisoluble y ancestral entre la escritura, arte y la creación del espacio.

En esta relación importa la mirada holística, que se aleja de lo analítico y exalta lo subjetivo, valor vinculado al arquetipo femenino según Jung. Por eso el poeta, que es el creador (rol activo), necesita de la musa inspiradora (rol pasivo). Desde los antiguos filósofos griegos se insiste en que la mujer no tiene capacidad de crear.

Para crear y comprender lo poético, nos alejamos de lo puramente geométrico, para encontrarnos con la experiencia de vivir. La arquitectura y la poesía se nutren mutuamente y comparten herramientas para la creación, como la integración entre forma y contenido, la expresión de la materialidad y la exaltación de lo sensorial.

“Lo que ahora importa es recuperar nuestros sentidos. Debemos aprender a ver más, a oír más, a sentir más.”  

Susan Sontag, Contra la interpretación, 1969

Gaston Bachelard, señala en su sugerente libro La poética del espacio que rastrea en los arquetipos el sentido del habitar, la necesidad de acercarse directamente al hecho poético. En su estudio trabaja sobre las descripciones de las casas hechas por los poetas, deteniéndose especialmente en aquellas que remiten al espacio primitivo, al refugio, al fuego, al vientre materno (entendido como contenedor). En estas reflexiones la mujer, tampoco tiene el rol de creadora (ya que no se menciona a ninguna poetisa en todo el libro) y su función se encuentra en la renovación cotidiana de la limpieza:

“El ama de casa despierta los muebles dormidos. (…) Parece que la casa luminosa de cuidados se reconstruye desde el interior, se renueva por el interior. En el equilibrio íntimo de los muros y de los muebles, puede decirse que se toma conciencia de una casa construida por la mujer. Los hombres sólo saben construir las casas desde el exterior, no conocen en absoluto la civilización de la cera.”

La poética del espacio, Gaston Bachelard, 1957

¿Las mujeres construyen la poética del espacio con trapo de piso y escoba? Es clara la determinación de lugares para nuestro género: musas, colaboradoras, copistas, traductoras. Lo que hoy no es posible es no mostrarnos críticas con esta asignación de roles. Así lo señalaban Virginia Woolf en su obra Una habitación propia (1929), y Simone de Beauvoir en El Segundo Sexo (1949) cuando habla de la casa burguesa.

El ensayo de Clara Janés, Guardar la casa y cerrar la boca, cuyo título lo dice todo, repasa también la relación entre espacio arquitectónico y poesía. En la Edad Media, para ser libres, las mujeres se encerraban en conventos y era allí donde podían escribir. Fue muy difícil acceder a la enseñanza de la escritura (y de la arquitectura). Recién hacia fines del siglo XIX, comienzan las mujeres comienzan a ser aceptadas, no sin reticencias, por las instituciones. Solo 14 mujeres en 115 años han obtenido el Premio Nobel de Literatura.

Aun así siempre ha habido y siempre habrá mujeres incapaces de cerrar la boca. Por eso nos preguntamos: ¿Cuál poética? y ¿Cuál arquitectura? Si queremos avanzar hacia el diseño de un hábitat poético debemos abrevar en una mirada crítica, más completa y más justa. La que tiene sus inicios en la sacerdotisa sumeria y en las mujeres de las cavernas primitivas. Porque la poesía es una eterna invitación para volver los orígenes.

El poeta y su musa, Niki de Saint Phalle, Balboa Park, San Diego, 2000


Te esperamos en CRUCES Encuentros de Arquitectura y Ciudad
Andrea Lanziani + Nicolás Campodónico
Miércoles, 21 de junio de 19:00 a 21:00
Juramento 2059, Piso 10, 1428 Buenos Aires
Como los cupos son limitados se pide inscribirse en el mail: infocruces@gmail.com

Dos formas de habitar el mundo

Por Ismael Eyras

Desde nuestros tiempos de estudiantes algunos libros de historia y crítica que fueron considerados textos básicos de cátedra, nos han introducido en la comprensión de la arquitectura como lenguaje. Nos resultan archiconocidos  El lenguaje clásico de la arquitectura de John Summerson, la saga de Bruno Zevi El lenguaje moderno de la arquitectura y por último aquel refrito de Charles Jencks, El lenguaje de la arquitectura posmoderna. La arquitectura surge como respuesta a la necesidad básica de cobijarse y a través de su poética, transforma el espacio en un lugar habitable para el ser humano.

También en aquellos años de estudiantes, y ya como docentes universitarios, leímos con voracidad los textos de nuestro Roberto Doberti, quien planteaba -basándose en escritos tempranos de Ferdinand de Saussure y otros lingüistas- el paralelismo entre lenguaje como código del hablar,  y la ciudad: el código del habitar. También a él pertenece el texto Proyecto y novela: los pliegues de la modernidad, un estudio teórico en el cual se plantean múltiples conexiones entre ambos códigos. Tanto proyecto como novela surgen en los albores del renacimiento y se constituyen como los instrumentos fundamentales que impulsan el surgimiento de la modernidad. Doberti plantea que el lenguaje brinda estructura simbólica y abstracta al mundo, mientras que el medio construido crea una estructura literal y material.

Resulta interesante señalar también mayores similitudes entre arquitectura y literatura utilizando conceptos teóricos paralelos de sitio y contexto, tipo y género, principios constructivos y estructura ya sean referidos a un texto como de una obra de arquitectura.

Podríamos continuar con otros ejemplos y autores (desde Juhani Pallasmaa hasta Claudio Caveri) que retoman la idea de arquitectura como código, lenguaje o materialización de una cosmovisión. Una vez establecido este paralelismo no debemos extrañarnos de que términos originalmente propios de la literatura, como la palabra poética, también se consideren apropiados para referirnos o definir ciertas características de la arquitectura.

Claudio Caveri, Escuela Técnica Integral Trujui

Sin embargo me interesa referirme aquí a las diversas y extrañas, múltiples, carnales y hasta promiscuas relaciones que podemos encontrar entre la literatura y arquitectura, comenzando con los mitos fundacionales de la casa de Odiseo y la torre de Babel y continuando siglos después, en la Edad Media con las catedrales, que pueden leerse como textos análogos a la prosa eclesiástica.

La crisis de significados del siglo XIX y XX altera esta simbiosis entre literatura y arquitectura. Ambas se vieron obligadas a responder a la industrialización, la fragmentación social, la mecanización de lo cotidiano y el desencanto general. Habitar resulta problemático en la modernidad ya que no hay certezas sobre dónde habitar, qué es habitar y qué es ser humano. Heidegger enfatiza las implicaciones de no sentirse en casa ni en el mundo, ni en el lenguaje. Con esto en mente, la arquitectura y la literatura reflejan la crisis comienza entonces la deconstrucción del mito de la morada. El dwelling (el habitar/ la casa) se convierte entonces en un proceso continuo de desplazamiento. El teatro de Beckett niega incluso la posibilidad de habitar realmente. En Sade, cuartos secretos se convierten en espacios de libertinaje que desafían la razón. Para Dickens, la arquitectura misma encarna la revolución industrial y el capitalismo, mientras que en Kafka la arquitectura institucional desafía y sobrepasa nuestra condición humana. Proust apela constantemente a sustituciones arquitectónicas que operan como metáfora del interior del individuo, similar recurso al que apela Joyce con las descripciones del espacio urbano de Dublín en Ullyses.

Siguiendo este análisis puntual del lenguaje y el estilo, podrían considerarse a las construcciones arquitectónicas como imagen poética y la poesía como un proceso arquitectónico. Los edificios y los poemas funcionan como refugios temporales para nosotros.

Ya sin establecer un orden cronológico, vienen a mi mente las más diversas asociaciones: Los extractos de Mallarmé que utilizaba Souto de Moura a manera de memorias descriptivas de sus proyectos o la inspiración en la literatura ciencia ficción y en la estética de los comics del grupo Archigram, Los escritos teóricos sobre el lenguaje de Derrida, retomados por los primeros arquitectos deconstructivistas, Las hermosísimas -y tantas veces dibujadas por arquitectos- Ciudades Invisibles de Italo Calvino, el famoso Poema del ángulo recto, escrito y pintado por Le Corbusier, las literaturas organizadas como sucesión de espacios simultáneos de Perec y porqué no también el pasaje Barolo –el Danteum argentino- o la arquitectura y la organización espacial vanguardistas de la Ciudad Abierta de Ritoque, inspiradas por lecturas colectivas de poesía.

Ciudad abierta, Ritoque. Acto inaugural, 1971

Muchas de estas asociaciones y de estas poéticas, arquitectónicas y literarias hemos descubierto a lo largo de 3 años junto a Inés Moisset. En este lapso hemos compilado en el blog Sembrar en el desierto, poesías, extractos de novelas, cuentos y ensayos literarios, aunados – muchas veces lúdicamente- a las imágenes más diversas de arquitectura y ciudad.

La literatura y la arquitectura se inspiran mutuamente entre sí y también generan su poética partiendo de una preocupación, un planteo o una reflexión común: son las formas cotidianas en las que habitamos el mundo.


Te esperamos en CRUCES Encuentros de Arquitectura y Ciudad
Andrea Lanziani + Nicolás Campodónico
Miércoles, 21 de junio de 19:00 a 21:00  NUEVA FECHA: Miércoles 12 de julio de 19:00 a 21.00
Juramento 2059, Piso 10, 1428 Buenos Aires
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Dos jóvenes referentes de nuestra arquitectura, protagonistas del segundo CRUCES en Buenos Aires

Luego del lanzamiento de CRUCES Encuentros de Arquitectura y Ciudad en Rosario invitamos a participar del segundo encuentro en la Ciudad de Buenos Aires con Andrea Lanziani y Nicolás Campodónico quienes expondrán acerca de Poética y Arquitectura.

La dinámica habitual de CRUCES es participativa y plural, así que están invitados para hacer de este encuentro una oportunidad para vernos, debatir y conversar acerca de los temas que nos interesan sobre nuestra profesión.

Será el 12 de julio a las 19.00 hs, Estudio Aisenson, Juramento 2059, piso 2. Buenos Aires

La inscripción es libre y se realiza a través del mail infocruces@gmail.com

Concursos y realizaciones: debate y críticas en el primer encuentro CRUCES en Rosario

El primer encuentro CRUCES en Rosario el 30 de mayo puso el foco en los Concursos de Arquitectura. El evento se realizó en el Túnel Cad2-Centro de Arquitectura y Diseño donde por estos días se exhiben los resultados del concurso del Museo Castagnino de esa ciudad. La importante cantidad de láminas que cubren las paredes de toda la institución, desde salas de exposiciones hasta el auditorio fue casi una afrenta para Maite Fernández y Juan Martín Flores, los invitados por CRUCES a debatir sobre esta temática. Y así comenzó el debate: ¿para qué tanto esfuerzo? ¿por qué exigir a los concursantes hasta el mínimo nivel de detalle y resolución técnica en concursos que por lo general ni siquiera son vinculantes?
Los concursos son una herramienta necesaria para la matrícula por muchas razones y que no está pasando por su mejor momento. Obras públicas adjudicadas a dedo -algunas obras de Rosario fueron citadas como un ejemplo de esta práctica- y otras que se concursan para después no realizarse, o en el mejor de los casos se utiliza el proyecto ganador para modificarlo hasta que pierde su esencia original. El arquitecto queda atrapado en medio de su necesidad de participar para acceder a programas de obra pública aceptando condiciones que acuerdan colegios de arquitectos con autoridades de turno y con las que muchas veces no están de acuerdo. Un diálogo que está roto entre la matrícula y sus representantes.
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Concurso Internacional de Ideas Parque Cabecera Puente Rosario Victoria, Estudio Caballero-Fernández.

Maite Fernández, arquitecta rosarina, fue por más de veinte años titular del estudio Caballero-Fernández. Participaron en más de 15 concursos de arquitectura, ganaron premios en todas las categorías. Nunca logró ver construído ninguno. Una experiencia que la propia Fernández calificó durante su charla como “frustrante”. Su presentación comenzó con una cuadrícula con todos estos trabajos organizados cronológicamente para después pasar a desarrollar en detalle la cuarta mención que obtuvieron para el Concurso Internacional de Ideas Parque Cabecera Puente Rosario Victoria en el que propusieron un jardín botánico para plantas nativas. Hace ya unos años que Fernández dejó el estudio para emprender un camino propio en el que los concursos ya no son parte. No está de acuerdo con la modalidad en que se llevan adelante, cómo se plantea el sistema actualmente y menos aún que el concurso sea por proyecto, en lugar de concursos de ideas que, según su criterio, plantean una instancia mucho más flexible y realista frente una problemática urbana y arquitectónica que la anterior. Actualmente trabaja en encargos privados junto a la arquitecta Paula Fierro y pone su pasión en emprendimientos de carácter solidario. De estas nuevas actividades mostró el Parque Huerta La Tablada -una huerta de carácter paisajístico- para los habitantes de la zona que cultivan y consumen ellos mismos, y un segundo emprendimiento, El banquito solidario, un trabajo con mujeres de barrios carenciados a las que ofrecen microcréditos para pequeños emprendimientos y mejoras de infraestructura y seguridad en el barrio.
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Concurso Internacional de Arquitectura MOLEWA, SFP Arquitectos.

La segunda parte del encuentro fue para Juan Martín Flores, el arquitecto platense titular de SMF Arquitectos, un estudio casi “compulsivo” en lo que respecta a su participación en concursos: ya realizaron más de 70, y ganaron 14, algunos contruidos y otros en proceso. Pero a pesar de los buenos resultados que ha obtenido junto a los cotitulares del estudio -Enrique Speroni y Gabriel Martínez-, este arquitecto al igual que Fernández, fue crítico con respecto al sistema. Habló de los concursos como una “oportunidad para decir algo”, una manera de hacer pública una mirada crítica y propositiva sobre una determinada cuestión. Según Flores, “los arquitectos tenemos poca participación en las decisiones de la ciudad. Nos dejan las particularidades y quedamos afuera de lo más relevante”. Calificó a los concursos actuales como “coyunturales”, es decir que resuelven un problema pero que tienen bajo impacto social y no terminan de producir verdaderos cambios. Manifestó que la postura contraria pero más efectiva sería pensar en “concursos culturales” que aporten una transformación a escala urbana y que resuelvan las problemáticas sociales más urgentes. Basó su charla en el Concurso Internacional de Arquitectura Molewa donde obtuvieron medalla de bronce: mostró la Hua Yan Township, una integración de la cultura, el turismo y el desarrollo sostenible y ejemplo de la estrategia de “Nueva Urbanización” en China. Una muestra de cómo a partir de un concurso de arquitectura se puede repensar las maneras de habitar la ciudad.

Concursos desde la mirada de las arquitectas

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La historia de los concursos en la arquitectura tiene aristas especiales si la miramos desde el punto de vista de las arquitectas. ¿Qué ocurre cuando alguien perteneciente a un colectivo que está conformado por el 51% de la población mundial produce arquitectura? ¿Qué decisiones sobre el territorio puede tomar esta persona si la tierra está en manos del 49% restante de la población? ¿Cómo acceden las arquitectas  a los grandes encargos si el poder está en manos de los hombres?

Desde Un día | una arquitecta pretendemos hacer algunos aportes a la discusión. El objetivo de nuestro colectivo es el de visibilizar la labor de las arquitectas en las distintas facetas de la profesión. El concurso entendido como una de las formas de acceso a los encargos merece entonces ser mirado desde una perspectiva de género, es decir, identificando las diferencias que se producen a partir de los roles asignados históricamente a los sexos.

En primer lugar, hay que contar que las mujeres no tenían acceso a la formación en arquitectura. Lentamente y hasta mediados del siglo XX las instituciones académicas las fueron admitiendo. Por otro lado, al no tener derechos civiles, tampoco participaban en la administración estatal y por lo tanto, en la obra pública. Recién a inicios del siglo pasado comienzan a aparecer esporádicamente los primeros encargos públicos y estos se deben en su mayoría a concursos.

En la profesión, las mujeres ganamos menos dinero que los hombres (lo que es considerado natural por muchos). Ya en el primer concurso en el que participa una mujer se refleja esto. Sophia Hayden Bennett ganó el concurso para el diseño del Edificio de la Mujer en la Exposición Universal de Chicago  de 1893. Era un concurso organizado para que participaran las primeras arquitectas estadounidenses.  Ella diseñó el edificio cuando tenía sólo 21 años por el que recibió tan solo 1.000 dólares, cuando hombres ganaban entre 3 y 10 veces más por edificios similares. Otras arquitectas se negaron a participar en la competencia por esta razón.

Elisabeth Scott fue la arquitecta inglesa quien ganó en 1927 el concurso internacional para la construcción del nuevo Teatro Royal Shakespeare en Stratford-upon-Avon. Fue la única mujer en una competencia de más de 70 arquitectos, y de esta manera se convirtió, a sus 29 años, en la primera mujer en proyectar un edificio público en Inglaterra.

En 1911 Marion Mahony Griffin que trabajó como proyectista en el estudio de Frank Lloyd Wright ganó, junto a su socio y marido Walter Burley Griffin, el concurso para la nueva capital de Australia, Canberra, siendo así la primera mujer en diseñar una ciudad. Su nombre desapareció de la historia del urbanismo y hace pocos años, cuando se cumplió el centenario del concurso se ha recuperado la memoria de su autoría.

En la sociedad patriarcal, la mayoría de los jurados y los comitentes son masculinos e imponen sus reglas. Attilia Vaglieri, fue una arquitecta italiana, que a pesar de que en 1929 ganó el concurso internacional para la realización del Museo Greco-Romano en la ciudad egipcia de Alejandría, no pudo recibir su premio por el hecho de ser mujer, en cumplimiento de las leyes musulmanas.

Muchas arquitectas se dieron a conocer a través de los concursos como Zaha Hadid u Odile Decq. Después de la separación de Miralles, el inicio del estudio propio de Carme Pinós fue complicado. Tuvo que forjar su carrera sola y casi no tenía trabajo. En 1996, ganó el concurso para hacer el Paseo Marítimo de Torrevieja, y así comenzó a despegar. El concurso le permitió demostrar (porque las mujeres tenemos que demostrar) que ella también era una proyectista.

Para la mayoría es difícil concebir que la arquitectura esté hecha por mujeres. El común de la gente presupone que cuando hay una pareja, el varón es el genio y ella es la musa. (De hecho no existen en el diccionario las palabras “genia” ni “muso”). Existe además el prejuicio de ella es la colaboradora o la discípula.

Excelentes obras de nuestro país fueron realizadas en concursos donde arquitectas argentinas pudieron demostrar su talento, como Alicia Cazzaniga, coautora de la Biblioteca Nacional en Buenos Aires, o Mabel Lula Lapacó, de la Escuela Manuel Belgrano de Córdoba, pero aún así, cuando se mencionan estas obras se las asigna en solitario a un arquitecto varón.

En estas condiciones el anonimato del concurso facilita el acceso. Está comprobado que un mismo proyecto o un mismo portfolio cuando son firmados por un hombre o una mujer reciben evaluaciones diferentes (la del hombre superior, obviamente).

Cuando los organizadores del concurso del Museo de Orsay en París llamaron a Italia para informar del premio y Gae Aulenti atendió el teléfono, le pidieron que los comunicara con su jefe, el arquitecto. Imagínense la sorpresa…

El concurso anónimo, abre el juego, democratiza relaciones de poder, entre ellas las del patriarcado. Es por eso resistido por quienes detentan estas relaciones y son privilegiados. El concurso representa un resquicio por donde las arquitectas se han ido colando, ingresando al cerrado mundo de la arquitectura. Para lograr avanzar, las instituciones son las que deben actuar integrando en lugares de dirección, de gestión, de representación, a las mujeres, que son más del 50% de la matrícula de las universidades. Invitamos a todos y todas a promover una profesión más justa.